jueves, 27 de noviembre de 2014

Curso bíblico: Domingo 30.11.2014





Este domingo empieza un nuevo año litúrgico. El gráfico, dibujado por FANO,  puede ayudarnos a trabajarlo en clase y/o en catequesis, a través de los colores y símbolos.  Empezamos las lecturas correspondientes al ciclo B, es decir, leeremos de forma continuada el evangelio de san Marcos durante los domingos del tiempo ordinario. Los de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, tienen evangelios propios.

Junto con el año litúrgico empezamos también el Adviento. La palabra latina “adventus” significa “venida” y nos ayuda a prepararnos para celebrar el gran acontecimiento de la Historia: el nacimiento de Jesús.

Durante cuatro semanas la Iglesia nos invita a vivir un proceso de conversión, no porque Jesús vaya a nacer (no nace de nuevo) sino porque el hecho de que se haya encarnado es una Buena Noticia de tal magnitud que necesitamos contemplar este misterio y tomar conciencia, una vez más, de que se ha hecho también carne de nuestra carne.
 


Este primer domingo, el evangelio de Marcos nos habla de “velar”, es decir de mantenernos despiertos, porque no sabemos cuándo vendrá a nosotros el Señor. Nos invita a preguntarnos, ¿Qué cosas nos mantienen adormecidos?

Marcos 13, 33 - 37
Con el texto del domingo de hoy san Marcos pone fin a la vida pública de Jesús y  a continuación describe la pasión. El discurso sobre el final de los tiempos es como el broche final de su vida. Los cuatro  evangelistas coinciden (e insisten) en subrayar que Jesús se despidió, habló de una segunda venida y que el grupo de seguidores quiso conocer los detalles de esta venida. Jesús no dio detalles, dio pistas para vivir con coherencia la espera.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

La palabra “vigilar” tiene importancia en la biblia. Velar es sinónimo de “trabajar”. Muchas veces la seguridad de una familia o de un pueblo dependía de que la persona que vigilaba hiciera bien su trabajo. Pensemos en los enfrentamientos entre tribus, las conquistas de unos pueblos a otros, los ladrones que se amparaban en la noche… Y todo eso ocurría en zonas rurales en las que no tenían más “herramientas” para vigilar que agudizar el oído y mirar atentamente alrededor. Vigilar era un trabajo que exigía una gran responsabilidad, incluso para tomar decisiones responsables si ocurría algo inesperado o se enfrentaban a algún peligro.
¡Cuántas experiencias y anécdotas compartirían en Israel las personas mayores con las más jóvenes sobre  este tema!

Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.

Como vemos, es la versión abreviada de la parábola de los talentos o la de las minas. Una vez más se nos habla de un largo viaje y una tarea que tienen que realizar los siervos, en este caso el portero. 

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

Los judíos solían dividir la noche en tres periodos muy claros: a) desde la puesta del sol hasta las 10 de la noche; b) desde las 10 hasta las dos de la madrugada y c) desde esa hora hasta la salida del sol. Con esta división establecían las guardias, cuando era necesario. Por ejemplo, en tiempo de guerra.
Con la invasión romana, los judíos fueron haciendo suyas muchas costumbres de sus dominadores, entre ella la división del tiempo. Para organizar la vigilancia de la noche establecieron cuatro turnos para los centinelas: 

a)    De 6 a 9 de la noche. Le llamaban la vigilia o guardia del anochecer.

b)   De 9 de la noche a las 12. Vigilia de media noche.

c)    De 12 a 3 de la madrugada era la vigilia del canto del gallo. Recordemos el episodio de la negación de Pedro cuando juzgan a Jesús por la noche.

d)   De 3 a 6 de la madrugada se llamaba la vigilia del amanecer. Era la más gratificante porque en cuanto asomaban los primeros rayos de luz ya desaparecían las tinieblas y los peligros que conlleva la oscuridad.

El texto nos dice que puede venir en cualquier momento de la noche y encontrar dormido al portero (o al centinela, o al encargado de vigilar). Hoy deberíamos poner ejemplos actuales en clase, catequesis o la homilía. Por ejemplo que se durmiera el personal de enfermería encargado de vigilar el buen funcionamiento de una UVI y una persona falleciera por ese descuido. O que se durmiera la persona que tiene que hacer el pan y abrir la tienda y ese día la gente del pueblo no pudiera comer pan. O que el portero de un equipo importante de fútbol no estuviera pendiente del balón, le metieran un gol por estar como adormecido y perdieran una copa internacional. 

 Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

San Mateo organiza muchas palabras de Jesús relacionadas con su segunda venida como si fuera un largo discurso de Jesús, recogido en el capítulo 13. Conviene leer el capítulo completo para entender mejor el texto del evangelio de hoy; a lo largo del capítulo nos invitan a cuidar que nadie nos engañe,  a no alarmarnos, cuidar de nosotros mismos, ser conscientes de que nos entregarán a los tribunales, no angustiarnos porque nos asistirá el Espíritu Santo y un largo etcétera de consejos y recomendaciones muy importantes. 

El capítulo empieza con un diálogo de Jesús con Pedro, Santiago, Juan y Andrés. Estos apóstoles le van haciendo preguntas a Jesús sobre cómo y cuándo será su segunda  venida. El capítulo se cierra con esta frase: “Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡Velad!”

Estas palabras eran muy importantes para las primeras comunidades cristianas a las que se dirige san Mateo, porque en torno a los años 60 y 70  proliferaron bastantes grupos que confundieron a la gente, anunciando que Jesús vendría de nuevo a la tierra en lugares diferentes y de diversos modos. 

Y la invitación a velar es una llamada también  para cada uno de nosotros, hoy,  porque hay miles de objetos, juegos, personas, experiencias, anuncios, programas de TV, etc.  que son como anestésicos que nos adormecen.  Si queremos seguir con coherencia a Jesús es preciso no sólo despertar, sino hacer un ejercicio diario (un auténtico ejercicio espiritual) para mantenernos despiertos, en vela.

Y despertar es tomar conciencia de que lo importante no es una segunda venida sino tomar conciencia de las dos grandes venidas que ya se han realizado: 1) cuando se hizo carne y nació de María; 2) hoy habita en cada uno de nosotros, hombres y mujeres; perdemos mucho tiempo buscando fuera lo que se manifiesta desde dentro. Y cuando despertamos a esa presencia nace el dinamismo de la fraternidad.

El evangelio en las TIC
   Sobre el Adviento en general:

·         “Adviento: Haz latir el corazón del mundo” PJVdehonianos. Muy bueno para los jóvenes,  3,55 minutos. http://youtu.be/PmDIBokJKcM

·          “Es tiempo de Adviento”, brevísimo video con imágenes de las cuatro velas de Fano. Motivador para iniciar este tiempo litúrgico a partir de cuatro verbos: despertar, ponerse en camino, buscar y acoger. http://youtu.be/5creGml03Tk  0,23 minutos

·         Canción para niños “Prepárate en Adviento”, 1,59 minutos: http://youtu.be/fqH_7AIa6ZQ

·         “El Adviento explicado del mejor modo posible” video para los adolescentes realizado por Spirit Juice Studios (2,26 minutos) simulando un corto antiguo en blanco y negro: http://youtu.be/y6b1llVDv1U . En inglés, subtitulado.

·         “Conspiración de Adviento: provocando la Navidad” Video de reflexión sobre el Adviento y la preparación de otra Navidad más auténtica; muy bueno para verlo en familia,  5 minutos http://youtu.be/UhW4L0ZjON0

·         “Llegaste Tú” canción de Luis Guitarra sobre la llegada de Jesús, con fotos de la actualidad: http://youtu.be/l_ko6cNt1Vg  4,11 minutos.

·         “Algo pasa en la tierra” himno de Adviento de Nico Montero, con los coros de Brotes de Olivo y el texto de la canción en las diapositivas. http://youtu.be/3sPXsQ-wGQ8  4,15 minutos

PARA REFLEXIONAR

1.     Personalmente

ü Otro Adviento más, otro montón de cosas que hacer y organizar en el trabajo, la parroquia, la fraternidad etc, antes de las vacaciones de Navidad… Vamos a intentar hacer un esfuerzo por dejar eso un ratito al margen de nuestra mente. Desde el silencio interior tratamos de ver tantos Advientos vividos, ¿qué recuerdo nos han dejado? ¿hay alguno especialmente importante? ¿Por qué? (Es importante pararnos para salir de la rutina)

ü Despues de leer detenidamente este evangelio ¿con qué palabras me quedo? ¿Qué verbos siguen resonando en mi?

ü Despertad, vigilad, estar atentos… ¿qué supone esto en mi vida en estos momentos? ¿Qué me mantiene “adormecido”, ausente al momento presente, distraido, estresado…? ¿Qué puedo hacer para salir de ello?

2.     En la fraternidad, la familia...

Ü  Después de leer el texto y sus comentarios podemos dialogar sobre lo que más nos ha sorprendido, lo que no hemos entendido, lo que más nos ha gustado…

Ü  Nos planteemos ¿qué solemos hacer en nuestra familia , en la fraternidad,..., cuando llega el Adviento?   Según lo reflexionado sobre el evangelio de hoy, ¿qué nos parece importante mantener? ¿qué podemos hacer este año para prepararnos como familia, como fraternidad, al encuentro con el Señor?

Ü  Podemos dialogar entre todos sobre, ¿qué es estar vigilantes como familia? ¿A que atendemos? ¿Qué se le pasa a nuestra familia, porque está dormida para esa realidad?

Ü  Os proponemos esta oración para rezar en familia durante este tiempo de Adviento. Nos une a una tradición muy antigua en la Iglesia, reseñada ya en los últimos versículos del libro del Apocalipsis: “Ven Señor Jesús”


Ven, Señor
¡Ven, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ven ya!
Ven pronto, ven, que el mundo gira a ciegas ignorando el amor que lo sustenta.
Ven pronto, ven, Señor, que hoy entre hermanos se tienden trampas y se esconden lazos.
Ven, que la libertad está entre rejas
del miedo que unos a otros se profesan.
Ven, ven, no dejes ahora de escucharnos cuando tanto camino está cerrado
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ven ya!
¿No has de ser la alegría de los pobres, de los que en ti ponen su confianza?
¿No has de ser para el triste y afligido consuelo en su pesar, luz en su grito?
¿Quién pondrá paz en nuestros corazones si tu ternura y compasión se esconden?
¿Quién nos abrirá caminos de esperanza si no te vemos caminar a nuestro lado?
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ven ya!
Ven Señor, a nuestra familia, para que nos mantengas unidos,
para que nos ayudes a amarnos cada día más,
para que ensanches nuestro corazón y nuestra casa
y podamos acoger a cuantos nos necesitan.
                   ¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ven ya!.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Curso bíblico: Domingo 23.11.2014






Llegamos hoy al último domingo del tiempo ordinario en el que celebramos a Jesús, como Rey del Universo. Cerramos con él el ciclo A, y lo hacemos con un evangelio que es realmente el resumen y colofón de todo el mensaje que durante este año litúrgico hemos escuchado. 

Jesús, el Señor y el juez misericordioso, nos dice la palabra definitiva sobre lo bueno y lo malo, sobre los que construyen el Reino y los que no. Lo decisivo es el amor que se traduce en hechos concretos que ayudan a los necesitados. 

Podemos extrañarnos o preguntarnos, ¿Por qué es tan decisivo aliviar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el Juez, lo que se hace o se deja de hacer con ellos, se le está haciendo o dejando de hacer al mismo Jesús. 

Hoy nos dice a cada uno: “Lo importante es cómo os portáis conmigo, como me demostráis vuestro amor”. Y, como somos tan hábiles para buscarnos disculpas, por si acaso se nos ocurre aquello de, “¿Cuándo te vimos? Si nosotros no te hemos encontrado…” Nos lo expresa de modo que no nos pueda quedar ni un resquicio de duda: “Cada vez que visteis a uno de mis hermanos más pequeños… Lo que hicisteis con ellos, a mi me lo hicisteis...” Pero, ¿vemos a los necesitados o vamos a lo nuestro con los ojos cerrados a los demás?
Mateo  25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.

El relato es una evocación del juicio final con un lenguaje profético. Nos habla de la venida del Hijo del Hombre, en gloria, para juzgar. Atribuye a Jesús las funciones de “Juez”, que estaban reservadas al Padre. Cuando se ha sentado en el trono es llamado “Rey”, y los juzgados se dirigen a él como “Señor”. Concentra en pocas palabras los títulos que la Iglesia primitiva da a Cristo resucitado, como expresión de su fe. 

Desde esta fe y esta “autoridad” de Jesús, el Señor, la novedad de este acontecimiento son sus participantes: “todas las naciones”. No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. 

Esta presencia de los paganos, los no judíos, en el acontecimiento final era algo absolutamente impensable en la mentalidad de los judíos contemporáneos de Jesús, que consideraban de antemano que los gentiles estaban excluidos. Culmina así un planteamiento que Mateo ha ido desarrollando a lo largo de su obra: la inclusión de todos en el Reino de Dios instaurado por Jesús.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. 

La separación entre ovejas y cabritos es una imagen que evoca las prácticas pastoriles palestinas, según las cuales los pastores separan a los carneros de las cabras, ya que estas son más frágiles y requieren una mayor protección del frío. 

La figura del pastor que separa a las ovejas de las cabras, está tomada del texto de Ezequiel (34,11-12.15-17) que leeremos en la primera lectura. Es importante no olvidar esta, pues sólo así comprenderemos que se trata evidentemente de un juicio entre los explotadores y explotados, entre los que hacen la injusticia y los que la padecen. El Señor saldrá al fin en defensa de los pobres, de los pequeños, de los que sufren, de los perseguidos por su amor a la justicia...

Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." 

El juicio será según las obras, no según lo que decimos creer y confesar. Así que son las obras las que distinguen y juzgan a los hombres al fin y al cabo, no las palabras ni los rezos. Cualquier otra discriminación o distinción no vale nada y no permanecerá: ni la raza, ni el dinero, ni la cultura, ni los honores..., colocan en verdad a los hombres a la izquierda o a la derecha del Señor.

Pero las obras que pueden salvarnos son siempre obras de amor, porque la ley con la que vamos a ser juzgados se resume en el amor. Podemos traducir hoy las palabras de Jesús:
“Estuve con ébola o con sida y me cuidaste, no tenía para dar de comer a mis hijos porque me quedé en paro y compartiste tu sueldo conmigo, estaba en la cárcel como terrorista y me visitaste, fui inmigrante sin papeles y me acogiste en tu casa, anciana e invalida abandonada en una residencia y me dedicaste tu tiempo y cariño, estuve deprimido y solo y me escuchaste, habían violado mis derechos y me ayudaste en las acciones legales …” 
Y así descubrir mejor que al hablar del juicio final, Jesús hace de la compasión el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con Él. Nos está hablando de algo muy humano que todos entendemos: ¿Qué hemos hecho con todos los que viven sufriendo a nuestro lado? ¿A quienes vemos y ayudamos? ¿Ante quienes cerramos los ojos o permanecemos indiferentes?
Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."

Nos puede llamar la atención esta pregunta de los llamados “benditos” que expresa su extrañeza cuando oyen que, al ocuparse de un hermano se lo hacían al mismo Cristo. Su pregunta prepara las palabras del Juez sobre la razón de la sentencia: El Hijo del Hombre, Jesús, se hace solidario de aquellos que tienen alguna necesidad de ayuda. "Estos, los humildes" no son sólo los miembros de la Iglesia o comunidad de Cristo, sino que su alcance es universal, como el juicio: esto significa que la identificación de Cristo con ellos es independiente de su situación subjetiva, de si nos parecen buenos o malos...
Pero ni siquiera los justos son plenamente conscientes de esta solidaridad hasta el último momento, que será cuando aparezca el sentido pleno de cada una de las obras. Por otro lado, estas acciones de las que aquí se habla no son cosas excepcionales, sino hechos presentes en la vida de todos los días. Si el amor conduce a Cristo a solidarizarse con cada uno de los hombres, con los pobres, los enfermos, los condenados y encarcelados, los marginados y oprimidos, esto significa que el modo que tiene el creyente de manifestar su amor a Cristo es la solidaridad con el hermano, con todo hombre. Y que aquel que actúa con amor y misericordia, del mismo modo es juzgado; mientras que quien no ejerce la misericordia, es juzgado sin misericordia.
El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que 
ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." 

Esta extrañeza afecta de forma especial a los que se consideraban “religiosos”, practicantes de múltiples normas, quizá muy referidas al ámbito sagrado, pero que no han prestado atención a los demás, a los que muchas veces han considerado ateos, inmorales o poco dignos de su atención.

Nos llama la atención sobre la triste posibilidad de perder la vida y el reino de Dios que tienen cuantos en este mundo pretenden amar a Dios y ser cristianos sin amar al prójimo y sin reconocer a Cristo en los pobres y explotados. 

“Cada vez que no lo hicisteis con uno de estos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo” es la expresión tajante del juez: el que no ama y explota a sus semejantes, con los que Él se ha identificado, se excluye del reino de Dios.

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Este es el juicio. El evangelista no nos ha descrito los detalles. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

Todos los hombres y mujeres sin excepción seremos juzgados por el mismo criterio. Lo que da un valor imperecedero a la vida no es la condición social, el éxito, el poder o dinero logrado a lo largo de los años. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda, que se hace obras en personas creyentes o no, pero con un corazón que se compadece por los que sufren. 

Hoy se nos invita a reflexionar sobre esto, porque nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.


El evangelio en las TIC
· Texto evangélico con imágenes de Jesús hablando: http://youtu.be/kixd2aWRSXc
· Escena de la película Jesús de Nazaret, con el texto de hoy, muy expresiva la cara de extrañeza del Sumo Sacerdote: http://youtu.be/uzWzoZl99hE  1,56 minutos
· Canción de Cesáreo Gabaraín, muy adecuada para reflexionar el evangelio de hoy y responder personalmente. Vídeo con letra e imágenes: http://youtu.be/-Q5CJdW_3Yw  (Al final os ponemos la letra por si os es útil)
· Simpático pero impactante gesto el de este vídeo, que nos puede ayudar a concretar el evangelio de hoy: http://youtu.be/Cdctmo_6fZc  1 minuto.

PARA REFLEXIONAR
            1.      Personalmente
ü  ¿Qué sentimientos e ideas surgen en mi al leer este texto? Visualizando la escena, ¿dónde me veo situado? ¿Soy consciente de mis “encuentros con Jesús” en los necesitados? ¿En que “hermanos” le suelo descubrir? Pensando en como los atiendo, ¿Qué me diría Jesus? ¿Cuáles son mis dificultades en este campo? ¿Participo y apoyo a Cáritas o a otras iniciativas de ayuda a los más débiles?
ü  En el colegio, la fraternidad, la parroquia, el trabajo, hay muchas personas que nos pueden recordar esta presencia de Jesús y nos ofrecen la posibilidad de atenderlos en sus necesidades. ¿Nos damos cuenta? ¿Lo hablamos entre nosotros, la familia, la fraternidad...? Os invitamos a aterrizar este evangelio en nuestras realidades y traducirlo a nuestra vida, por ejemplo: “Porque necesité una segunda explicación y … porque no tenía con quien hablar de mis problemas y… porque..."
           2.      En la fraternidad, familia…
Ü  Después de leer el texto y sus comentarios podemos dialogar sobre lo que más nos ha sorprendido, lo que no hemos entendido, lo que más nos ha gustado…
Ü  Este texto nos puede ayudar a plantearnos como pareja y como familia, a qué le estamos dando importancia en la educación cristiana de nuestros hijos, en la práctica. Nuestra familia, nuestra fraternidad, ¿a quién ayuda? ¿a qué problemas sociales somos sensibles? Tal como opinamos al escuchar determinadas noticias, ¿les ayudará a nuestros hijos a descubrir a Jesús en los más afectados por la injusticia y pobreza de nuestro mundo? ¿Ven, aquellos que nos rodean, que participamos en Cáritas o en otras organizaciones de ayuda a los necesitados? ¿Los invitamos a participar con nosotros?
Ü  Podemos terminar haciendo oración con la canción propuesta:
Tú me dijiste, Señor, que en mi camino
iré encontrando hambrientos de mi pan,
que habrá sedientos que vengan a mi fuente,
enfermos, tristes, de frío y soledad. 

Tú me dijiste que sufres en el pobre,
que estás desnudo o no tienes libertad,
que en el anciano que espera tú me esperas
y en ese niño, de hambre morirás.

AQUÍ ME TIENES, SEÑOR, YO QUIERO AMARTE,
AMANDO AL POBRE, Y AQUEL QUE SUFRE MÁS.
TUYO ES MI PAN Y EL AGUA DE MI FUENTE,
VEN A MI CASA Y AMOR ENCONTRARÁS.

En el camino hay siempre un hombre herido,
que necesita mi ayuda y mi amistad,
no mil discursos que hablan de justicia
no mil palabras que el viento llevará.

En el camino Jesús me estas mirando
y en tu mirada hay pena y soledad
quiero entregarte mi alma y mi alegría
toda mi vida en ofrenda de hermandad.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Encontro anual de Formação Humana, da AMAM.


   

A Associação Maria Ana Mogas de Portugal esteve reunida, em Fátima, nos dias 15 e 16 de Novembro, de 2014, para um encontro de formação humana, subordinado ao tema " Associação e sentido comunitário", orientado pelo senhor Padre Nóbrega.

  E foi num clima de alegria e abertura para acolher os conhecimentos veiculados pelo orientador, que ao longo dos dois dias, o tema foi desenvolvido sob dois aspetos: dimensão antropológica e teologal da vivência em grupo. De forma simples, e ao mesmo tempo que apresentava as ideias teóricas, mostrava como as mesmas se podem vivenciar nos grupos. Ao terminar este encontro, foi manifestado por todos o desejo de pormos em prática tudo o que escutámos, tanto nos grupos como nos locais onde trabalhamos e convivemos.

            
M. Leonor e António
Neste encontro estiveram presentes para além dos elementos da  Associação, algumas Irmãs Assessoras e outras que connosco quiseram partilhar  estes dias.


No último dia, tivemos a alegria de festejar o trigésimo nono aniversário de  casamento da associada, Maria Leonor, que juntamente com o António, desejaram  celebrar esta data com a AMAM, em Fátima. Sentimo-nos família e a alegria era  notória em todos (as).



Maria Lurdes Bacalhau
Animadora Provincial AMAM-Portugal

viernes, 14 de noviembre de 2014

Curso bíblico: Domingo 16.11.2014




¿Qué dones hemos recibido? ¿Cuáles son nuestras mejores cualidades y capacidades? ¿Qué hacemos con ellas?

¿A cuál de estas dos personas nos parecemos?  ¿A quién guarda sus “semillas” sin arriesgar nada para no perder ni una? ¿O a la siembra en la tierra para que se transformen, confiando en que se conviertan en plantas frondosas?  ¿Guardamos nuestros dones o los entregamos?
El evangelio de hoy nos ayuda a revisar qué estamos haciendo con todos los dones que hemos recibido.


Mateo 25, 14 – 30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. 

San Mateo ha agrupado en los capítulos 24 y 25 diferentes intervenciones de Jesús sobre el tema del final de los tiempos (se les llama discursos escatológicos). En esta perspectiva se sitúa la parábola de hoy. Jesús había prometido que volvería, los discípulos esperaban verle de nuevo como hombre normal, pero pasaban los años y no volvía. La situación es semejante a la que describe la parábola: un hombre se había ido a un viaje muy largo, ¿Cuándo volvería? ¿Qué haría a su regreso?

La respuesta es semejante a las de otros textos del Nuevo Testamento: había que mantener la esperanza y el comportamiento cristianos, en medio de las dificultades. Por ejemplo, el libro del Apocalipsis dice: “que el justo continúe practicando la justicia y que el santo siga santificándose. He aquí que yo vengo en seguida y traigo conmigo la recompensa, que voy a dar a cada uno según sus obras” (Apocalipsis 22,11-12)

Para comprender bien el sentido que tienen los talentos en esta parábola es importante que los niños y niñas distingan entre dos usos diferentes que damos a esta palabra. Habitualmente designamos con la palabra “talento” una cualidad personal, una capacidad; sin embargo en la parábola de hoy, el talento es la medida de mayor capacidad que existía y se utilizaba para medir oro, plata y otros metales. 

Encontramos varias referencias en la Biblia sobre los talentos. Por ejemplo, cuando el rey David tomó la ciudad de Raba le quitó al rey Milcón la corona de su cabeza y se la puso él. Esta corona pesaba un talento de oro (ver II Samuel 12,30)

Más tarde, un talento llegó a tener la equivalencia de 6.000 denarios, es decir, el sueldo que podía recibir un trabajador a lo largo de unos 16 años. Era una cantidad increíble, desmesurada. San Mateo quiso resaltar que los dones que Jesús les entregó antes de irse eran de un valor incalculable, y cuando volviera pediría cuentas del uso que habían hecho de los dones. 


El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. 


Es curioso que se ponga el acento en que se fueron inmediatamente a negociar; es decir, eran conscientes de la misión que tenían, una vez recibido el don; ni siquiera se les había dicho lo que tenían que hacer con ese dinero. Para los primeros cristianos era evidente que el texto no tenía como objetivo que fueran buenos negociantes con el dinero, porque el verbo “ganar” también se empleaba en otro sentido: ganar personas para el seguimiento de Jesús, ganarlas para que formaran parte de la comunidad cristiana. Es muy claro el ejemplo que encontramos en este otro texto del evangelista. “Si tu hermano ha pecado contra ti ve y repréndelo a solas; si te escucha, habrás ganado a tu hermano, pero si no te escucha… (Mateo 18, 15)


En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. 


Enterrar el dinero era una postura muy cómoda. Una ley de ese tiempo decía que si una persona enterraba dinero o un tesoro y se lo robaban, no era responsable de la pérdida, porque con el hecho de enterrarlo se acababa su responsabilidad sobre esos bienes. La parábola resalta esa actitud de no querer ser responsable de lo recibido. Si al siervo no le quitan el talento lo devolverá tal cual lo recibió, si se lo quitan no será culpa suya. 

Pero Jesús predicó una actitud muy diferente: no hay que enterrar ni esconder lo que es valioso, “no se enciende una lámpara y se esconde debajo del celemín, sino que se pone sobre el candelero para que alumbre toda la estancia” (Mateo 5, 15)


Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." 


En aquellos tiempos era muy significativa la felicitación de siervo con los términos “fiel y cumplidor”. Es el mismo Jesucristo el que invita a entrar en el gozo, en la celebración del triunfo a quienes han valorado y acrecentado los dones recibidos. El término señor se empleaba en las primeras comunidades para referirse a Jesús como Jesucristo, el Señor. Al usar esta palabra están sugiriendo la vuelta del Señor. 

Cuando volviera Jesús premiaría el comportamiento de los cristianos que se habían mantenido fieles y cumplidores durante un tiempo largo de espera, sin contagiarse del paganismo y la inmoralidad de Roma y otras ciudades semejantes. 

Es curioso que el señor que vuelve felicite del mismo modo a los dos siervos y les dé un premio idéntico, aunque uno devuelva cinco talentos y otro dos. Esta actitud nos evoca la parábola de la hora undécima en la que todos los trabajadores recibieron un denario, que era lo que necesitaban para mantener a su familia, aunque unos trabajaron más horas que otros. 


Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."» 


Este hombre aparentemente había sido prudente, pero en realidad era el miedo lo que le había hecho tomar la decisión de enterrar el talento. ¡Cuántas veces el evangelio nos invita a tener confianza, a no tener miedo…! Ni siquiera pensó que otras personas pusieran a trabajar esos talentos recibidos. Se le quitó lo que no supo valorar. Quien solo buscaba seguridad fue expulsado a las tinieblas, que eran el símbolo del miedo y la inseguridad. 

El evangelio en las TIC

· Parábola de los talentos de Valivan. Apropiada para diferentes edades, con dibujo muy expresivos: http://youtu.be/C48gGx-Hzqo 4 minutos.

· La misma presentación, pero añadiendo la letra de la canción: http://youtu.be/DCyxQ1CxU18 4,52 minutos.

· Canción sobre la parábola con dibujos, se puede cantar, tipo karaoke: http://youtu.be/a1lDPrXFXKk 4 minutos

· Esta otra versión de la parábola en dibujos recrea bien el ambiente de la época: http://youtu.be/RupRxc29Gzs 4,55 minutos

PARA REFLEXIONAR

1. Personalmente
  •  Al leer el texto y dejarlo resonar en ti, ¿con qué personaje te sientes identificado? ¿Cuáles son tus “talentos” y qué haces con ellos? 
  •  Reconocer los dones recibidos nos lleva a ponerlos en juego, en palabras de San Francisco a “restituirlos” al Señor mediante el servicio a los hermanos. Desde este planteamiento podemos ver cómo va nuestra vida, si descubrimos y usamos todas nuestras cualidades o comodamente nos conformamos con “guardar-enterrar” nuestros dones y hacer lo que “todos hacen”.

2. En la fraternidad, familia...
  •  Después de leer el texto y sus comentarios podemos dialogar sobre lo que más nos ha sorprendido, lo que no hemos entendido, lo que más nos ha gustado…
  •  Nuestra familia es ya en sí un don de Dios, pero además cada una de las personas que la formamos tiene sus dones. ¿Ayudamos a nuestros hijos a reconocerlos y agradecerlos? ¿Se los repetimos a menudo o solo les destacamos sus defectos? ¿Cómo les ayudamos a desarrollarlos y ponerlos al servicio de los demás? 
  •  Podemos terminar con esta bendición, indicada para el final de la eucaristía, pero con la que el padre, la madre, animador/a..., pueden bendecir a toda la familia, a la fraternidad. Retomamos así esa bonita costumbre de bendecir a los que están a nuestro cargo: 
“Nuestra vida, y la de nuestra familia,
con todo lo que somos y tenemos, 
no es de nuestra propiedad,
ya que es como un fondo de inversión recibido de Dios.

Es un préstamo suyo,
no para guardarlo seguro en un "agujero en la tierra",
sino para hacerlo producir del mejor modo posible, 
cada uno según su habilidad.

Que Dios nuestro Padre nos dé fuerza y valor 
para servir con todo nuestro ser 
a él y a los hermanos, 
ayudándonos en familia, desde nuestra casa.

Para ello, que la bendición de Dios, 
Padre, Hijo y Espíritu Santo 
descienda sobre nosotros 
y permanezca para siempre.
AMEN.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Encontro de formação humana - Fátima (Portugal) - 15 e 16 novembro 2014


Desde Portugal recebemos a seguinte notícia:

A AMAM-Portugal vai ter o seu encontro de formação humana no próximo fim de semana, 15-16 de Novembro, em Fátima. Acompanhem-nos com a oração para que seja para todas muito fecundo.


Ficamos toda a Associação unida em oração para que a Mãe os acompanhe e assím chegar ao seu Filho e atingir o grande Amor que nos da.

Que a Divina Pastora fique convosco e guie os vossos passos para ser cada dia melhores cristãos.

Equipa Animadora Geral

viernes, 7 de noviembre de 2014

Curso bíblico: Domingo 09.11.2014




¿Dónde encontramos a Dios? ¿Dónde nos ponemos en relación con Él? Jesús nos dirá en el evangelio de este domingo que su cuerpo, su persona, es lugar privilegiado para encontrarnos con Dios.
También nos habla este evangelio de la necesidad de “guardar” los lugares y momentos de oración y no reducir todo en nuestra vida a intereses egoístas, a buscar ganancias y éxitos fáciles, haciendo de ellos nuestro Dios.

Juan 2, 13 - 22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

Muchos salmos reflejan la alegría del pueblo cuando iba en peregrinación al templo, una vez al año, desde todos los confines de Israel. Iban a celebrar la Pascua, es decir, a recordar y revivir la experiencia de liberación que habían tenido siglos antes y a dar gracias a Dios. Podemos recordar esta experiencia en Éxodo 12 y 13.

Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

No debemos leer este texto como un hecho aislado en la vida de Jesús, sino en relación con muchas otras intervenciones y enseñanzas sobre el templo que encontramos en los cuatro evangelios. Vamos a recordar algunas.

San Lucas nos dice que Jesús por el día enseñaba en el templo y salía a pasar la noche en el monte de los olivos (Lucas 21,37). También se fijó en la viejecita que echaba una limosna que para ella suponía todo su sustento. A la mujer samaritana le dijo que había llegado la hora de que no adoraran al Padre ni en el monte ni en el templo, sino en espíritu y en verdad.

- Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.

Tenía que causar una impresión muy desagradable ver que el templo, lleno de belleza y esplendor, se había convertido en algo similar a un mercado. Se vendían ovejas y bueyes para ofrecer en sacrificio y quemarlos sobre el altar. Creían que el humo que se elevaba hacia el cielo le agradaba a Dios. Vendían palomas y tórtolas para las personas más pobres, como recoge el texto de la presentación de Jesús en el templo (Lucas 2, 22-24).

También había muchas mesas con balanzas, en las que se cambiaba el dinero que llevaba la gente. Para echar limosna dentro del templo o para pagar las ofrendas (por ejemplo al nacer el primer hijo) sólo se podían utilizar las monedas que daban los cambistas, monedas especiales que sólo circulaban dentro del templo y no tenían el rostro del emperador grabado en ellas. Esas monedas no estaban contaminadas ni podían ser utilizadas en los negocios.  Mejor dicho eran utilizadas para aumentar “el negocio del templo”, que enriquecía  sobre todo a la casta sacerdotal.  

Salomón construyó el templo con todo el esplendor imaginable: maderas del Líbano, decoración con racimos de oro, etc. Y en medio del templo los sacerdotes colocaron el Arca de la Alianza y la tienda que la había albergado durante el tiempo en el que el pueblo la llevó consigo, cuando eran un pueblo errante. “Al salir los sacerdotes de la zona considerada santa, una nube llenó la casa del Señor y los sacerdotes no pudieron continuar en el servicio religioso a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba la casa del Señor. Salomón dijo: “He querido erigirte una morada, un lugar donde habites para siempre” (1 Reyes 8, 10-13). La santidad que emanaba del templo se extendía por toda la ciudad. El santuario era similar a la puerta del cielo.

El profeta Jeremías se situaba junto a una de las puertas del templo y denunciaba reiteradamente el uso que se hacía de él.

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
- ¿Qué signos nos muestras para obrar así?

Esta frase equivale a otras que aparecen muchas veces en el evangelio: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? Es como pedirle a Jesús  que se identifique, que explique los motivos de su comportamiento, porque parece que está loco. Atentar contra el templo, por poco que fuera, era una locura y acarreaba la pena de muerte. El templo de Jerusalén no era como una de nuestras iglesias, era el lugar más sagrado del mundo conocido, era la casa del mismo Dios.

Jesús contestó:
- Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Los judíos replicaron:
- Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Juan hace una lectura de los hechos tras la Pascua, tras la muerte y la resurrección de Jesús. El templo ya había sido destruido en el año 70 después de Cristo y las comunidades cristianas sabían que el tiempo del culto en el templo había finalizado. Ahora Jesús era como el nuevo templo, el nuevo lugar de encuentro entre los hombres y mujeres con Dios. Ya no hacía falta hacer sacrificios de animales. El pan y el vino eran los nuevos signos de encuentro entre los hermanos y con el mismo Dios.

Es una lástima que olvidemos lo que san Pablo nos dice a cada uno: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu habita en vosotros?... el santuario de Dios es sagrado y vosotros sois ese santuario” (1Cor 3, 16-17) Podemos preguntarnos: ¿No habremos convertido también nuestro cuerpo/santuario en algo semejante a un mercado?

El evangelio en las TIC

·   Simpática adaptación del evangelio de hoy para niños, en dibujos. 4,19 minutos: http://youtu.be/J6PvQDAidDg. Refleja bien la situación del templo-mercado y la clave de la expulsión de los mercaderes: la purificación de una estafa.

·   Fragmento de la película Jesús de Nazaret, correspondiente al evangelio de hoy: http://youtu.be/bL3paICIux0. Duración 4,36 minutos.

·     Este vídeo nos describe cómo era el Templo de Jerusalén en tiempos de Jesús y nos ayuda entender su importancia para el pueblo y el texto de hoy: http://youtu.be/5U2zK7Hk8gU


PARA REFLEXIONAR

            1.     Personalmente

ü El Templo de Jerusalén es considerado por el Pueblo Judío como la Casa de Dios, “la Casa de mi Padre” como dice Juan en el texto evangélico de hoy. Por lo tanto es casa reservada a la oración y trato con Dios. Dedicarla a los negocios e intereses que nada tienen que ver con Dios, es profanarla. ¿Tenemos hoy nosotros la experiencia de un lugar o espacio reservado a Dios? ¿Sentimos así nuestros templos o iglesias? ¿Cuál es tu lugar de oración?

ü ¿Tenemos conciencia de que nuestro cuerpo es templo de Dios? ¿Qué nos sugiere esta afirmación tan novedosa de San Pablo y tan similar a la que hoy escuchamos a Jesús en el evangelio? ¿Cómo debemos tratar a nuestro cuerpo al recordar lo que somos? ¿Y el de los demás? ¿Qué mensaje podemos dar los cristianos a nuestra sociedad en este aspecto?


          2.     En la fraternidad, la familia…

Ü  Después de leer el texto y sus comentarios podemos dialogar sobre lo que más nos ha sorprendido, lo que no hemos entendido, lo que más nos ha gustado…

Ü  Nuestra casa de familia, ¿se convierte en algún momento en casa de oración para nosotros y para nuestros hijos? ¿Cómo y cuándo oramos y nos dirigimos a Dios, nosotros, los adultos de la familia? ¿Despertamos y cuidamos esta experiencia de encuentro con Dios en nuestros hijos?


Ü  Para hacer nuestra la invitación de Jesús en el evangelio de hoy, te sugerimos buscar el modo y momento de ir con los hijos, mejor toda la familia, a un templo y allí orar juntos unos momentos al Señor.  

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